Comoditización y Customer Experience: cómo dejar de competir por precio y empezar a competir por experiencia

Hay una conversación que se repite en muchas empresas, especialmente en sectores maduros: «nuestro producto es igual al de la ...

Hay una conversación que se repite en muchas empresas, especialmente en sectores maduros: «nuestro producto es igual al de la competencia, así que no nos queda otra que bajar el precio.» Es una conclusión comprensible, pero también es una trampa. Una trampa que se cierra despacio, con cada descuento que ofreces, con cada guerra de precios que aceptas pelear, con cada cliente que se va porque encontró algo «más barato» en otro lado.

La comoditización no es un destino inevitable. Es, en muchos casos, el resultado de haber dejado de preguntarse qué hace que tu empresa valga algo más allá de lo que vende.

Y precisamente ahí es donde entra el Customer Experience.

No como slogan, no como departamento de sonrisas y encuestas de satisfacción. Sino como estrategia real para crear valor diferenciado cuando el producto ya no puede hacerlo solo. Este artículo explora qué es la comoditización, por qué afecta tanto a empresas latinoamericanas, y cómo el CX puede convertirse en el factor que te saca de esa trampa.

Qué significa, en serio, que un producto se ha comoditizado

La comoditización ocurre cuando el mercado percibe que los productos o servicios de distintos proveedores son equivalentes entre sí. No idénticos en sentido técnico, sino intercambiables desde el punto de vista del cliente. Cuando eso sucede, el único criterio de decisión que queda con peso real es el precio, y eso pone a todas las empresas del sector en una carrera hacia abajo.

Lo más interesante de este fenómeno es que no solo afecta a materias primas como el azúcar, el café o el cemento. También golpea a servicios financieros, telecomunicaciones, seguros, consultoría, software, e incluso hospitalidad. Cuando todos ofrecen básicamente lo mismo y el cliente no percibe diferencia en cómo se siente al interactuar con cada empresa, ha ocurrido una comoditización funcional, aunque los productos sean técnicamente distintos.

Mark Hollyoake, investigador de experiencia B2B, describe este fenómeno con precisión: en sectores donde la calidad del producto y la funcionalidad se han convertido en factores higiénicos, ya no sorprenden a nadie. El único camino para diferenciarse es a través de la experiencia del cliente.

Cuando el cliente decide con los ojos cerrados

Piensa en lo que pasa cuando alguien necesita contratar un servicio de internet empresarial. Revisa dos o tres opciones, los planes tienen nombres distintos pero velocidades similares, los precios se parecen, las promesas son casi idénticas. La decisión final muchas veces no depende del producto: depende de si el proceso de contratación fue fácil, si el agente de ventas escuchó de verdad, si la instalación llegó a tiempo y si hubo alguien que respondiera cuando algo falló.

Ahí está el problema central. Y también la oportunidad.

Por qué la guerra de precios destruye más de lo que construye

Cuando una empresa decide responder a la comoditización bajando precios, no está resolviendo el problema. Lo está profundizando. Cada reducción de precio entrena al cliente para que espere menos y exija descuentos como condición habitual de la relación. Los márgenes se comprimen. La capacidad de invertir en servicio, en talento y en mejora se reduce. Y paradójicamente, el cliente tampoco fideliza: simplemente espera al próximo descuento, propio o de la competencia.

Jeannie Walters, consultora de CX y fundadora de Experience Investigators, lo plantea de forma directa: cuando el producto es intercambiable, lo que construye diferenciación es cómo el cliente vive la relación con la marca, no lo que está en la caja o en el contrato.

La investigación respalda este punto. Según datos de Bain & Company, los clientes que perciben una experiencia diferenciada están dispuestos a pagar hasta un 16% más por ese mismo producto o servicio. No porque sea mejor en términos técnicos, sino porque la experiencia acumulada les da razones concretas para quedarse.

Esto cambia completamente el argumento. No se trata de convencer al cliente de que tu producto vale más, sino de diseñar una experiencia que lo haga sentir así.

Lo que el CX puede hacer que el producto no puede

El Customer Experience tiene una ventaja estructural frente al producto como palanca de diferenciación: es mucho más difícil de copiar.

Un competidor puede replicar una característica técnica en semanas. Puede bajar su precio antes de que termines de leer este artículo. Pero no puede replicar la cultura interna de tu empresa, la forma en que tus equipos resuelven problemas complejos, el tipo de relación que has construido con cada cliente a lo largo del tiempo, ni la confianza que eso genera.

Cuando diseñas una experiencia verdaderamente diferenciada, estás construyendo un activo que no aparece en ningún catálogo de productos.

Las tres dimensiones que marcan la diferencia

En mercados comoditizados, el CX actúa como diferenciador en tres niveles que vale la pena separar:

La experiencia funcional. Tiene que ver con cuán fácil es hacer negocios contigo. ¿Tu proceso de cotización es claro? ¿La entrega llega cuando prometiste? ¿El soporte responde rápido? En una investigación publicada en el Journal of Database Marketing & Customer Strategy Management, Hollyoake identifica lo que llama «ease of doing business» como uno de los determinantes más fuertes de la preferencia en relaciones B2B: la facilidad para trabajar con un proveedor predice el volumen de compra mejor que el tiempo que lleva la relación. Dicho de otra forma: no importa cuántos años llevas con un cliente si hacerle la vida difícil se ha vuelto la norma.

La experiencia relacional. Tiene que ver con cómo se siente el cliente cuando interactúa con tu empresa. ¿Siente que lo conocen? ¿Que le hablan como persona, no como número de cuenta? ¿Que alguien se preocupa de verdad por su negocio o su situación? Esta dimensión conecta directamente con la empatía como motor del CX, uno de los factores más difíciles de cuantificar y al mismo tiempo uno de los más recordados por los clientes.

La experiencia de marca. Tiene que ver con el significado que el cliente le atribuye a estar asociado contigo. Patagonia vende ropa outdoor, un mercado lleno de competidores. Pero su programa de prendas usadas, su postura en temas de sostenibilidad y su narrativa de marca construyen algo que ningún catálogo de producto puede replicar: pertenencia. Sus clientes no solo compran una chaqueta; se identifican con un conjunto de valores. Eso es CX de marca, y en mercados comoditizados puede ser el diferenciador más poderoso de todos.

El error más común: confundir servicio al cliente con experiencia del cliente

Una empresa puede tener un call center que responde en menos de dos minutos y aún así perder clientes por una experiencia que en general no vale la pena. Porque el servicio al cliente es un componente del CX, no su sinónimo.

La experiencia del cliente incluye cada punto de contacto: la primera impresión que genera tu sitio web, la claridad de tu propuesta de valor, la facilidad del proceso de compra, la calidad de la entrega, la comunicación proactiva, la resolución de problemas, y la forma en que termina cada interacción. Los touchpoints en customer experience no son solo los momentos de crisis: son todos los puntos de la relación.

Muchas empresas en mercados comoditizados cometen el error de invertir en el eslabón del servicio de atención mientras descuidan el journey completo. Y entonces se preguntan por qué, a pesar de tener buenas encuestas de satisfacción post-contacto, el cliente no renueva o se va con la competencia.

La diferencia entre medir y entender

Otro error frecuente es creer que porque miden NPS o CSAT ya tienen una estrategia de CX. Las métricas son un insumo, no una estrategia. Lo que transforma los datos en decisiones es la capacidad de entender por qué el cliente siente lo que siente, y eso requiere ir más allá del número. Si tu NPS promedio es 7 pero no sabes qué está impulsando a los detractores ni qué diferencia a los promotores, el dato tiene poco valor práctico.

En este sentido, entender qué son las métricas de CX y para qué sirven en realidad es un paso importante antes de construir cualquier programa de mejora.

Cómo se ve el CX como estrategia anti-comoditización en la práctica

La teoría tiene sentido. Pero ¿cómo se traduce en decisiones concretas? Aquí hay un mapa honesto de lo que funciona y lo que no cuando el objetivo es salir de la trampa del commodity.

Enfoque reactivo (trampa del commodity)Enfoque estratégico (CX como diferenciador)
Bajar precios para retener clientesDiseñar experiencias que hagan que el precio sea secundario
Medir satisfacción solo después de problemasMonitorear la experiencia de forma continua en todos los touchpoints
Tratar igual a todos los clientesSegmentar y personalizar según valor y necesidades específicas
Resolver quejas cuando lleganSer proactivo: identificar fricciones antes de que el cliente se queje
Comunicar características del productoComunicar el valor de la relación y los resultados que genera
Ver el servicio como un costoVer la experiencia como inversión en retención y crecimiento

Esta tabla no pretende simplificar un proceso que es complejo. Pero ilustra el tipo de giro mental que requiere pasar de competir por precio a competir por experiencia.

Lo que Starbucks, Liquid Death y una aseguradora neerlandesa tienen en común

Los ejemplos más claros de cómo romper la comoditización a través del CX no siempre vienen de sectores glamorosos.

Starbucks vendía café, un producto que en su momento la mayoría de estadounidenses preparaba en casa. Lo que construyó no fue solo una mejor taza: fue la idea de un «tercer lugar», un espacio entre el trabajo y el hogar donde la experiencia justificaba el precio. Cuando años después la empresa perdió ese foco, las consecuencias fueron visibles. Volver a lo que los hizo grandes significó, precisamente, volver a invertir en la experiencia.

Liquid Death es agua. Literalmente agua en una lata de aluminio con diseño inspirado en el metal. En 2019 facturaba menos de tres millones de dólares. Para 2022 ya superaba los 130 millones. No cambió el producto; cambió completamente la experiencia de comprarlo, recibirlo y pertenecer a su tribu.

La aseguradora neerlandesa Centraal Beheer opera en uno de los sectores más difíciles desde el punto de vista emocional: los clientes solo la recuerdan en momentos de crisis. Su respuesta fue diseñar experiencias proactivas y cálidas fuera de los momentos de siniestro, incluyendo jornadas de servicio gratuito para daños menores en vehículos. El resultado fue un NPS notablemente superior al promedio del sector.

Todos estos casos tienen algo en común: tomaron una decisión consciente de no competir en el terreno donde todos son iguales, y abrieron un nuevo campo de juego donde la experiencia era el producto real. Puedes profundizar en esta lógica en el artículo sobre por qué las mejores marcas no venden productos sino sentimientos.

El rol de la confianza en mercados B2B comoditizados

En el mundo empresarial, la comoditización tiene una capa adicional de complejidad. Las decisiones de compra involucran a múltiples personas, los contratos son más largos y el costo de cambiar de proveedor puede ser alto. Esto crea una dinámica distinta: una empresa puede quedarse con un proveedor no porque sea el mejor, sino porque el costo de moverse parece mayor que el malestar de quedarse.

Pero esa es una lealtad frágil, y tarde o temprano se rompe.

La investigación de Hollyoake identifica cuatro pilares que construyen lo que llama una «bonded experience» en entornos B2B: confianza, integridad, comunicación e interdependencia. Estos factores no reemplazan al producto, pero son lo que convierte una relación transaccional en una relación estratégica. Y esa transformación es, precisamente, lo que hace que cambiar de proveedor ya no sea una decisión sencilla, no por el costo del cambio sino por el valor de lo que se perdería.

Para empresas que trabajan con clientes corporativos, construir ese tipo de vínculo requiere consistencia, contacto proactivo y una comprensión profunda del negocio del cliente, no solo de sus pedidos. Si quieres explorar cómo se traduce esto en indicadores concretos, el Customer Health Score para negocios B2B puede ser un punto de partida muy útil.

Lo que los clientes B2B realmente valoran

Según el trabajo de investigación del Henley Business School citado por Hollyoake, los factores que más diferencian una buena experiencia B2B de una mala son, en orden de importancia:

  • Contacto personal real (no automatizado ni genérico)
  • Flexibilidad para adaptarse a necesidades específicas
  • Comprensión implícita del contexto del cliente, sin tener que explicarlo todo de nuevo
  • Conocimiento aplicable que aporte valor más allá del producto
  • Proactividad para verificar que todo va bien antes de que haya un problema
  • Cumplimiento riguroso de lo prometido

Nótese que ninguno de estos factores tiene que ver con el producto en sí. Todos tienen que ver con la experiencia de la relación.

Conveniencia: el diferenciador más subestimado

Uno de los caminos más rápidos para salir de la trampa de la comoditización no requiere rediseñar todo tu modelo de negocio: requiere hacer que comprar, usar y renovar sea más fácil.

La conveniencia es un diferenciador poderoso porque los clientes valoran su tiempo más que casi cualquier otra cosa. Si tu proceso de compra es complicado, si la renovación requiere varias llamadas, si el onboarding confunde, estás creando fricción innecesaria que ningún descuento va a compensar en el largo plazo.

Amazon Go no vende productos únicos. Vende la posibilidad de entrar, tomar lo que necesitas y salir sin hacer fila. Dollar Shave Club no inventó las hojas de afeitar. Las hizo llegar solas a tu puerta antes de que te diera cuenta de que te habías quedado sin ellas. Los servicios de suscripción exitosos no compiten con el producto; compiten con la fricción del proceso de compra, y la eliminan.

Para PYMES y medianas empresas, esta lógica tiene aplicaciones concretas: ¿cuántos pasos necesita tu cliente para hacer un pedido? ¿Puede gestionarlo por WhatsApp? ¿Recibe confirmación inmediata? Explorar cómo usar WhatsApp para mejorar la experiencia del cliente puede abrir oportunidades de conveniencia que no requieren grandes inversiones tecnológicas pero sí tienen impacto directo en la percepción de valor.

El error de creer que el CX solo aplica si tienes presupuesto grande

Una objeción frecuente, especialmente en empresas medianas y pequeñas, es que «todo eso de la experiencia del cliente es para empresas con muchos recursos.» Es una percepción que vale la pena cuestionar directamente.

Las mejoras de experiencia más impactantes en mercados comoditizados no siempre requieren tecnología sofisticada. Requieren atención. Requieren que alguien en la empresa se haga responsable de entender cómo se siente el cliente en cada etapa del journey, y de eliminar las fricciones que nadie ha atendido porque «así siempre se ha hecho.»

Un vendedor que recuerda el nombre del cliente y el contexto de su último pedido ya está haciendo CX diferenciado. Un proceso de entrega que incluye una llamada proactiva para confirmar que todo llegó bien ya está construyendo confianza. Una política de devoluciones que trata al cliente como alguien que merece una solución rápida, sin papeleo innecesario, ya está creando lealtad.

Si quieres entender cómo una empresa más pequeña puede construir ventaja competitiva a través de la experiencia, el artículo sobre CX para PYMES ofrece un marco práctico para hacerlo sin depender de presupuestos corporativos.

Señales de que tu empresa está cayendo en la trampa del commodity

Antes de diseñar una estrategia de CX como diferenciador, conviene hacer un diagnóstico honesto. Estas son algunas de las señales más claras de que tu empresa está compitiendo en un terreno donde solo el precio manda:

  • Los clientes te piden descuentos con más frecuencia que antes, y cuando no los obtienes, se van.
  • Tu equipo comercial describe el diferencial de tu empresa con las mismas palabras que usaría para describir a la competencia.
  • La tasa de retención de clientes es baja o está cayendo, sin que haya un problema de calidad técnica evidente.
  • El tiempo promedio de relación con clientes activos es corto: compran una o dos veces y no vuelven.
  • No tienes claridad sobre cuál es el momento del journey donde más clientes se pierden.
  • La retroalimentación que recibes de los clientes es genérica: «bien», «normal», «sin quejas.» Nada específico, nada que te ayude a mejorar.

Si varias de estas señales resuenan, la solución no está en bajar más el precio. Está en entender qué parte de la experiencia está fallando y qué parte tiene el potencial de convertirse en tu verdadero diferenciador.

Un cierre que vale más que una conclusión

La comoditización es real y en muchos sectores es cada vez más difícil de evitar solo con innovación de producto. Pero eso no significa que todas las empresas del mismo sector sean inevitablemente iguales.

Annette Franz, fundadora de CX Journey y una de las voces más respetadas en Customer Experience, tiene una forma de verlo que resulta muy útil: el CX no es lo que tú dices que haces, es lo que el cliente experimenta cuando hace negocios contigo. Si esa experiencia no tiene nada especial, entonces, desde la perspectiva del cliente, tu empresa tampoco lo tiene.

La buena noticia es que la mayoría de las empresas en mercados comoditizados no están invirtiendo lo suficiente en experiencia. Eso crea un campo de juego con mucho espacio para quien decida tomarlo en serio.

No se trata de sorprender al cliente con gestos grandiosos o experiencias imposibles de sostener. Se trata de construir consistencia, confianza y conveniencia en cada touchpoint. De saber qué momentos del journey importan más. De medir lo que realmente refleja la salud de la relación con el cliente. Y de tomar decisiones basadas en lo que el cliente vive, no solo en lo que la empresa cree que está entregando.

Ese es el trabajo real del Customer Experience. Y en un mercado comoditizado, es también la diferencia entre seguir en la carrera o salir de ella.

Si quieres entender en qué punto de madurez está tu empresa en términos de CX y dónde tiene más oportunidades de mejora, en ClienteFeliz podemos ayudarte a hacer ese diagnóstico. Conoce nuestros servicios de consultoría en experiencia del cliente.

En ClienteFeliz ayudamos a empresas a entender qué parte de su experiencia puede convertirse en su verdadero diferenciador, incluso en mercados donde todos parecen ofrecer lo mismo. Si quieres empezar por un diagnóstico honesto, conversemos.

Fran Páez
Emprendedor, Músico y fanático del Customer Experience. Co-fundador de ClienteFeliz.com

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